¿Qué son los delitos conexos a la Trata de Personas?

Cuando hablamos de delitos conexos a la trata de personas nos referimos a aquellos casos en los que un individuo, a través de la explotación de otro, obtiene un beneficio.

La explotación puede tener distintas modalidades, siendo las más frecuentes la sexual y la laboral.



Explotación sexual

La explotación sexual consiste en la obtención de beneficios mediante la participación de una persona en la prostitución ajena. El ejercicio autónomo de la prostitución no constituye delito.

La explotación sexual se da cuando:

se promueve, facilita o comercia la prostitución ajena o cualquier otra forma de oferta de servicios sexuales ajenos;
se promueve, facilita o comercia la pornografía infantil o la realización de cualquier tipo de representación o espectáculo con dicho contenido;



Explotación laboral

La explotación laboral consiste en el sometimiento a condiciones de trabajo abusivas que exceden el incumplimiento de normas laborales. Se consideran formas modernas de esclavitud y reducción a la servidumbre.

La explotación laboral se da cuando:

se reduce o se mantiene a una persona en condición de esclavitud o servidumbre;
se obliga a una persona a realizar trabajos o servicios forzados.



Otras formas de explotación

Otras formas de explotación reconocidas se dan cuando:

se obliga a una persona a contraer matrimonio u otro tipo de unión;
se promueve, facilita o comercia la extracción forzosa o ilegítima de órganos, fluidos o tejidos humanos.



Condición de Vulnerabilidad

Generalmente las víctimas de explotación son poblaciones vulnerables en razón de:

género;
edad;
raza;
clase social;
etnia o religión;
nivel educativo;
lugar de residencia;
condición de migrante;
abuso y maltrato en la niñez y/o adolescencia;
falta de oportunidades laborales y económicas;
violencia;
discriminación;
desinformación;
falta de afecto.

Los explotadores se aprovechan de la vulnerabilidad de las personas para manipularlas y así conseguir su objetivo. Sin embargo, no es necesario pertenecer a una población típicamente vulnerable ya que cualquier persona puede convertirse en víctima, todos tenemos alguna debilidad.

No siempre es fácil advertir que estamos frente a una víctima de trata o explotación, la mayoría de las veces ni ellas mismas se reconocen como tal. Hay algunos indicadores que nos pueden ayudar a su detección, ante la duda siempre es mejor denunciar y será la justicia la que determine cuál es el delito:

la persona no tiene libertad de movimiento o bien siempre se encuentra controlada por otra persona que habla por ella;
la persona dice tener poco contacto con su familia;
la persona vive en el mismo lugar en el que trabaja;
la persona tiene lesiones visibles;
la persona desconoce la ciudad en la que vive y/o su domicilio;
la persona desconoce el idioma y/o la cultura del lugar;
la persona no maneja dinero;
la persona no tiene su documentación;
la persona vive angustiada y/o temerosa;
la persona es muy introvertida;
si la víctima es un niño, niña y/o adolescente es frecuente que sean chicos que interrumpen su asistencia a actividades escolares o extraescolares, faltan con frecuencia y sin explicación;

El consentimiento de la víctima de explotación no libera jamás de responsabilidad penal al explotador.




Ministerio Público de la Defensa

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